Resumen del Popol Vuh
El Popol Vuh es un relato épico basado en las leyendas de la extraordinaria civilización maya-quiché, que habla sobre la creación del mundo. Se sabe que está influenciada por algunos sacerdotes quienes en su evangelización ayudaron a conservar lo más posible la cultura indígena, para evitar la pérdida total de estas culturas por lo que fomentaron en 1550 que algunos indígenas tratara de rescatar lo más posible sus tradiciones para no perderlas y que sean absorbidas y olvidadas por la cultura occidental.
Aunque algunos indígenas excluyen esta hipótesis, parece ser la más factible, atendiendo al apoyo aplicado por los evangelizadores en conservar el popol Vuh y el chilam balam.
Resumen del Popol Vuh:
El Popol Vuh nos relata la creación y el crecimiento de los árboles y la vegetación, que precedió al hombre, y luego de los animales, a los cuales se les dio un paraje especial. Con varios elementos se ensayó el material para hacer al hombre, hasta que el maíz fue el definitivo.
Los señores de Xilbalba: Sangre, Ictericia, Cráneo e Infortunio, que vivían en el mundo subterráneo querían desaparecer a los hombres para quedarse como dueños absolutos de la Tierra, pero esto no fue posible.
Un día Ixquic (campesina simple), estaba en el campo y se dirigió a un árbol del cual salía una voz que le dijo:
- Tú vas a ser la madre de mis hijos, así que dirígete a la casa de la abuela y dile lo que te acabo de decir.
Ixquic obediente se dirigió a la casa de la abuela con ayuda de las aves mensajeras.
Al llegar, la abuela la recibió con mala actitud, preguntándole qué es lo que deseaba; ella le repitió aquello que le dijo el árbol. La abuela no le creyó diciéndole que si era cierto tendría que pasar por unas pruebas; primero le dijo que fuera al campo y que trajera un canasto lleno de maíz; así lo hizo y posteriormente le dijo que si esos eran sus nietos tendrían que nacer en lo más alto de la montaña entre las espinas y que al tercer día tendrían que regresar caminando por su propio pie y ya crecidos.
Al tercer día regresaron, tal y como lo había establecido la abuela, ésta se quedó sorprendida y les dijo que si querían vivir ahí, tendrían que atenderla a ella y a sus otros nietos “Hunahpú e Ixbalanqué”, sin que haya reclamo alguno, diciendo que así sería.
Un día Hunahpú e Ixbalanqué le dijeron a la abuela que no sabían trepar a los árboles y entonces la abuela les dijo a sus otros nietos que les enseñaran, cuando éstos les enseñaron subiéndolos a un árbol, ya no pudieron bajar y desde ese momento fueron los únicos nietos de la abuela.
Las aves mensajeras mandadas por los señores de Xilbaba, les dijeron a Ixbalanqué y a Hunahpu, que los señores del mundo subterráneo los invitaban a jugar pelota, ellos sin dudar aceptaron y le dejaron a su madre y a su abuela su única caña para que la cuidaran todos los días y que si un día se secaba significaba que ya nunca los volverían a ver.
Al llegar al mundo subterráneo los señores de Xilbaba los mandaron a dormir a la casa del frío y al día siguiente jugarían, a la siguiente noche los mandaron a la casa de la obscuridad y el último día a la casa de las navajas, saliendo sin una sola cortada. Ese día se llevó a cabo el juego de la pelota y salieron victoriosos y los señores de Xilbaba les dijeron que se echaran al fuego, así lo hicieron y murieron; pero al día siguiente volvieron a nacer y con ayuda de las aves mensajeras les hicieron creer a los señores Xilbaba que eran magos y resucitaban a las personas, y éstos dejándose llevar pidieron que hicieran la magia y Hunahpú e Ixbalanqué los mataron y no los resucitaron
aca les dejo un extra para leer si quieren: MATA NE!!(また ね) nos vemos!!
El mito japonés de la creación del mundo El mito de la creación del mundo en Japón
La cultura japonesa tiene algo que a todo el mundo fascina. Sin embargo hay quien dice que, a la hora de estudiarla, nos hemos fijado solamente en la época de los samuráis o en la presente, altamente tecnificada y hasta cierto punto kitsch. Y es cierto que hay más cosas aparte de las katanas, el sushi o los Pokémon. Una de ellas es precisamente el mito que dio forma al propio país.
Vayamos a una época lejana, tan lejana que el cielo y la tierra no se distinguían y sólo reinaba el silencio. De repente surgió un extraño sonido, producido por el movimiento de las partículas de aquella masa informe primigenia. Las partículas más ligeras y la luz se elevaron mientras otras se quedaron a medio camino y otras no fueron capaces de levantarse. Así, mientras la luz subía y formaba el cielo y el sol las intermedias se juntaron en forma de nubes y las más pesadas quedaban unidas en una masa oscura y fangosa.
En el reino de las nubes, llamado Takamagahara, surgieron tras varias generaciones de deidades primordiales los dioses que formarían las “Siete generaciones divinas”. Reunidos, decidieron que había que hacer algo con esa cosa que se extendía y se movía pesadamente bajo ellos. Así que encargaron a los más jóvenes, Izanagi e Izanami arreglar aquella parte del universo. Para ello se les proveyó de una gigantesca lanza enjoyada con la que removieron aquel barro para separar sus componentes. Cuando la sacaron, un poco de barro goteó y, al caer a lo que sería el mar formó la mítica isla de Onogoro.
Tanto gustó a Izanagi e Izanami aquella isla que decidieron quedarse en ella y engendrar hijos allí. Inventaron a tal efecto un rito matrimonial que comenzaba con las palabras de ella. De su unión nacieron dos hijos, pero fueron rechazados y abandonados al no ser todo lo buenos que sus padres querían.
Al ver qué estaba ocurriendo ahí abajo los dioses exigieron la vuelta de la pareja, que contó lo que había ocurrido. Los residentes en el cielo perdonaron la acción del matrimonio y les aconsejaron que antes de volver a procrear repitieran el rito matrimonial con un pequeño cambio: esa vez el primero en hablar sería él.
Izanagi e Izanami hicieron caso del consejo y esta vez su descendencia fue perfecta. De aquellos hijos nacerían las distintas islas que conforman el archipiélago japonés y los antepasados de sus habitantes.
El mito es bastante más largo y os hemos ofrecido una versión resumida. Pero como veis en él queda resumido bastante del carácter y la cultura del Japón antiguo con sus cosas positivas y sus cosas negativas: un país que se sabía único en el mundo, pero no dudó en aislarse durante mucho tiempo; en el que la mujer era importante, pero siempre debía ir por detrás del hombre y en el que se valoraba la perfección, pero a costa incluso de tratar brutalmente aquello que no era suficientemente bonito. Quizá eso es lo que nos fascina del Japón antiguo: la consecución de la armonía a través de unión de lo cruel y lo bello.

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